Dulces memorias
Estoy segura
de que la mayoría de nosotros recordamos nuestra primera borrachera. Ese dulce recuerdo
ha fundamentado todas las fiestas posteriores, bien con la finalidad de
rememorarlo, o bien con la finalidad de huir de él y prevenir volver a pasar
por algo similar.
En mi caso,
desde entonces he evitado repetir una situación similar. Al fin y al cabo, ¿a
quién se le ocurre emborracharse con el vino de tetrabrik que se utiliza para
cocinar? Únicamente diré que, con catorce años, a ningún par de amigas se les puede
ocurrir una buena idea.
Sin embargo,
conozco otros casos cuya experiencia fue contraria a la mía y desde entonces cada
vez que salen buscan la felicidad que experimentaron la primera noche que
bebieron. Lucía, sin ir más lejos, defiende que aquella noche pasó las mejores
fiestas de Serranillos de su vida, y cada verano vuelve a ir pretendiendo recuperar
aquella sensación, sin embargo, no regresa.
Supongo que hay
ciertas cuestiones que no se alejan tanto de las reflexiones que nos podemos
plantear cotidianamente.
¿Vosotros
consideráis que vuestra primera borrachera fue un recuerdo despreciable
memorable?
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