Parkineo que te veo

¿Alguna vez os habéis preguntado cuál es la técnica más efectiva para entrar en una discoteca ahorrándote más de la mitad de la cola? La respuesta es sencilla: el parking. Corrijo, esta respuesta es la más conveniente en el caso de que el número de coches disponibles sea capaz de abarcar a todas las personas presentes.

El fin de semana pasado, lamentablemente, la situación no fue favorable para dos de estas personas: Sara y yo. Se nos presentaron entonces tres opciones: que el resto de nuestros amigos entrasen en el coche a través del parking y hacer la cola nosotras dos solas (entrando muchísimo más tarde que ellos), dividir el grupo entre los conductores y los que no (y fastidiar al resto de personas que sí cabrían) y la última, pero no menos importante, meternos en el maletero del coche. Aunque quizá no fuera la opción más responsable, elegimos la tercera. Después de la previa y los dos jagger-redbull correspondientes, se hicieron las doce menos diez de la noche: momento de escondernos en el maletero y arrancar. La entrada fue estrambótica, apenas cabía una como para meternos dos. A esto se le suma la cantidad de coches que había detrás de nosotros ya y que, por tanto, nos vieron hacer el ridículo de aquella manera.

Ambas esperábamos que el trayecto transcurriese rápidamente, sin embargo, no fue así. Agobiadas por la falta de oxígeno, asustadas porque nos cazasen, incomodísimas por la posición horrible en la que se había colocado cada una y guapísimas (porque recordemos que nos íbamos de fiesta), permanecimos ahí encerradas alrededor de veinte minutos. Cuando comenzábamos a perder el conocimiento, nos abrieron la puerta y casi lloramos de felicidad: habíamos entrado sanas y salvas. En un abrir y cerrar de ojos ambas saltamos del maletero y nos pusimos en pie de la manera que mejor pudimos (teniendo en cuenta que teníamos las piernas adormiladas). Después de aquello la noche transcurrió con «normalidad»: nos pusimos en la cola del parking y en menos de diez minutos estábamos dentro. Otro par de copas, cuatro bailes y de la nada eran las cinco y media. Otro tema que da para hablar mucho es la noción del tiempo cuando estás de fiesta, pero lo dejaremos para otra entrada. Entre tanto ocurrieron otros hechos graciosos, por ejemplo, nos colamos en un reservado intercambiándonos, literalmente, las pulseras VIP con otros dos muchachos que ya se iban delante del puerta del mismo reservado y actuamos de detectives hasta pillar a dos trabajadores (amigos que venían con nosotros) del JD enrollándose (terminantemente prohibido entre compañeros).

Realmente, fue una noche tranquila en comparación con otras, sin embargo, el inicio de esta hace que deba ser recordada y plasmada en este blog. Sara y yo hemos comprobado que si la vida te da limones, debes hacer limonada y que, por tanto, no importa si no tienes sitio explícito en el coche, porque siempre podrás colarte en el maletero de este.

¡Hasta la semana que viene!

 

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