Madrid

Muchos pueden creer que el mayor riesgo de caminar por la Puerta del Sol (Madrid) entre las diez y las doce, cuando cae la noche, es que te roben. Sin embargo, puedo confirmaros que lo peor que os puede pasar es que os enganche uno de los “relaciones públicas” de algún antro de alrededor. Son buitres carroñeros que buscan a gente con pocas luces, que no sabe decir que no, para embaucarlos y convencerlos con “ofertas” súper especiales que terminan siendo una estafa. Yo soy una de esas palurdas que pica el anzuelo y arrastré conmigo a todos mis amigos.


“Oferta para ti y para todos tus amigos: diez euros por una copa, un mojito y un chupito, podéis elegir la música e incluso os invitaremos a una cachimba” no hizo falta más para convencerme ¿acaso no os parece a vosotros también un ofertón? Convencí a todos los demás y emprendimos el viaje (casi hasta la otra punta de Madrid). Cuando llegamos se me cayó el alma al suelo. El local era un antro de mala muerte, estaba completamente vacío y con camareros que daban bastante mal rollo. Nos sentamos y decidimos que lo mejor era irnos. Después de un rato discutiendo entre nosotros para ver cuál era la mejor manera de hacer bomba de humo y quien se levantaba primero, optamos por admitir que yo no tenía el DNI porque era menor. Nos tocó asumir que íbamos a pasar ahí la noche cuando “el jefe” nos dijo que no importaba y que podíamos quedarnos (claro, éramos sus únicos clientes). Nuestra consideración del antro empeoró cuando comenzó a ponernos peros a la “súper oferta” que en un principio nos había vendido su compañera. “Los cubatas solo pueden ser de ron o de ginebra”, “el chupito es exclusivamente de tequila”, “soy yo quien elige la música y como mucho podéis hacerme sugerencias”. Ronda general de ron-cola bien aguadito, chupito de tequila barato, “mojito” con sabor a pasta de dientes y vámonos rápido.


Terminamos en otro bar en el que estaba la amiga de Noelia y allí seguimos bebiendo. Dos ron-cola más tarde y con lo anterior ya encima una se empieza a marear. Entonces aparece en acción un personaje clave de esta historia que contribuyó a mi casi muerte: el guiri💀. “Ronda de chupitos” grita y de ahí en adelante solo recuerdo un mareo horrible que terminó conmigo vomitando en cada esquina de Madrid: en el baño del bar, en un callejón, en un paso de cebra aprovechando un semáforo, en una bolsa dentro del coche… Reaccioné como reaccionaría cualquier persona decente en ese momento: llorando. Lloraba sobre todo por el sentimiento de culpa que tenía. Según yo, mis amigos lo estaban pasando mal por mi culpa, porque yo no sabía beber (razón no me falta). Sin embargo, parece que se lo pasaron muy bien viéndome hacer el ridículo. Realmente, yo también me lo pasé muy bien haciéndolo y al día siguiente todos recordándolo.


De aquella noche aprendí que es muy útil llevar una bolsa de plástico en el coche. También aprendí que si un guiri ofrece una ronda de chupitos pero tú ya estás medio muerta, debes negarte. Respecto a las negaciones, aprendí que debemos aprender a decirle que no a los buitres que pasean por las calles de Madrid sin que nos dé reparo y que debo dejar de beber como si no hubiera un mañana (porque normalmente sí que lo hay y con resaca es mucho peor).

¡¡¡Nos vemos la semana que viene!!!

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